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12

Sep, 2019

Precariedad y muerte

#PRL #Prevención #Riesgo #Trabajo #Precariedad #Siniestralidad



Los accidentes mortales en el trabajo han aumentado en los años de recuperación económica en Aragón, a pesar de que hay más recursos para evitarlos y menos ocupados que en el 2008

Trabajar para vivir. Ese es el lema que persiguen los millones de personas que acuden diariamente a sus puestos de trabajo. El empleo se ha convertido en un bien muy preciado, quizá en exceso, dadas las circunstancias en que se encuentran aquellos a los que apremia la necesidad. Y son muchos.

La siniestralidad laboral y las condiciones de trabajo pasaron a un segundo plano durante la crisis económica. Lo importante para los ciudadanos, a partir de entonces, era tener un empleo y para las empresas, sobrevivir. Daba igual la forma y manera, pero había que salir adelante. Un dato ilustra esa realidad: en Aragón, se pasó de poco más de 40.000 parados en el primer trimestre del 2008 a alcanzar más de 148.000 desocupados en el mismo periodo del 2013, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

El mercado laboral sufrió un desplome sin precedentes hasta entonces y fue en esos años cuando comenzaron a descuidarse temas tan relevantes como la salud en el trabajo. El número de fallecidos en accidente laboral en Aragón durante el 2008, año en el que se alcanzó el máximo de ocupación de la comunidad (unos 600.000 trabajadores) fue de 30. Pero una década después, en el 2018, se contabilizaron 37 muertos en el trabajo. Son cifras del Instituto Aragonés de Seguridad y Salud Laboral (ISSLA). Y eso que el número de trabajadores en activo es inferior en casi 25.000 personas diez años después del estallido de la recesión.

Además, la automatización de los procesos y la implementación de tecnología, supuestamente, son factores que deben contribuir a reducir estas dramáticas cifras. Pero no es así, al menos de momento. Y sigue el conteo de muertos.

En España, los seis primeros meses del 2019 dejaron un balance de 1,6 fallecidos al día en accidente laboral hasta sumar un total de 292 siniestros mortales, según los datos recopilados por el Ministerio de Trabajo. Solo en junio de este año, la comunidad aragonesa sumó 7 accidentes laborales. El más grave es el que tuvo lugar en Bodegas Paniza, cuando tres trabajadores perdieron la vida por inhalación de gases en los trujales. Pertenecían a una subcontrata y solo llevaban guantes y botas. Pero un simple medidor del nivel de oxígeno podría haber evitado el fatal desenlace.

Este es solo un ejemplo que ilustra el perfil de este tipo de siniestros evitables: hombre, de entre 35 y 45 años, con contratos temporales y precarios y sin formación.

Desde el Gobierno de Aragón se establecieron hace ya varios años programas para frenar los accidentes en el trabajo, pero, aunque la comunidad tiene una de las ratios más bajas a nivel nacional, las cifras no fallecidos no descienden. Quizá sea el momento de implementar nuevas medidas o de estimular la estabilidad en el empleo, lo que, sin duda, contribuiría a reducir la siniestralidad.

Pero para eso hace falta valentía por parte de la administración, responsabilidad por parte de los empresarios y prudencia por parte del trabajador. Al fin y al cabo, se trata de trabajar para vivir, no para morir.





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